lunes, 6 de agosto de 2012

Óscar Cardozo (Grandes en Portugal VI)


Óscar René Cardozo Marín
20-V-83, Juan Eulogio Estigarribia (Paraguay)
1´93 y 82 kg
Delantero
3 de febrero, Nacional, Newell´s, Benfica



Al “Tacuará” (nombre e guaraní de una especie de caña grande y fuerte, típica de los países de América del Sur)  Cardozo, la segunda incorporación más cara de siempre del Benfica, 11´5 millones de euros (sólo por debajo de los 13 pagados por Simao), le ha faltado algo de empatía con su público para que más allá de sus buenos –muy buenos- números con el emblema de a Luz, se haya convertido en el jugador de referencia que esas buenas estadísticas muestran. Esa falta de conexión con su afición hace que se haya hablado de su salida en más ocasiones de las que se han celebrado los éxitos reportados por sus goles; de hecho, cada verano, tiene precio puesto para su salida, que ha ido oscilando entre los 30 millones de sus primeros años a los 20 que pide el equipo de A Luz por su salida en este verano del 2012.
Cardozo se formó en el 3 de febrero, con cuyo primer equipo debutó a los 19 años, y al que ayudó a subir a la primera división paraguaya. A los dos años fue fichado por el Newell´s Old Boys, que pagó 900 mil euros por hacerse con sus servicios. En Newell´s marcó 21 goles en 33 partidos, así que su precio aumento 12 veces y el Benfica pagó 9´1 millones por el 80% de su pase,;pagando posteriormente otros 2´5 millones por el 20% restante.



En su primera temporada en Portugal ya marcó 22 goles en 44 partidos, lo cual no le sirvió para ser imprescindible ya que, al año siguiente, con Quique Flores en el banquillo perdió la titularidad con David Suazo. Aún así consiguió marcar 17 goles. Fue en su tercer año en Portugal cuando, finalmente explotó, ayudado por la gran temporada de las aguias y consiguió 38 goles en 47 partidos, ganando la liga y la copa de la liga. Demostrando así que si ya había logrado unos números más que aceptables en los años anteriores, con confianza en su juego, tranquilidad institucional (la que dan los títulos) y un esquema ofensivo como el que había implantado Jorge Jesús, sus número y su rendimiento aumentaban de forma exponencial.
A su llegada al club, el presidente del Benfica reconoció que Cardozo valdría 20 goles por temporada, y más o menos (más bien más) esos son los números conseguidos por el paraguayo durante estas temporadas en Portugal; y es que Cardozo, un jugador en apariencia frío en el campo, no lo es dentro del área donde se convierte en un delantero letal y más que efectivo. A veces da la impresión de que pasa al lado del partido, parece que no corre hacia algunos pases o que podría haberse esforzado más a la hora de perseguir un balón, de saltar con la defensa o de luchar en un balón dividido, pero en otros momentos resulta un prodigio de efectividad, haciendo muy fácil el remate y apareciendo desde la nada para acabar las jugadas con suma eficacia.



No hay que dejarse engañar por la apariencia torpe del paraguayo en la delantera, incluso, pese a su altura, tampoco es un portento de cabeza, pero posee un remate al primer toque poderoso y certero, deslizándose como una bailarina entre los defensas como si no le hubiese visto nadie, poniendo el pie en el lugar exacto, elevándose sobre las torres centrales con elegancia para facturar esas dos decenas de goles con los que suele acabar todas sus temporadas como media.



Al primer toque, bien sea para finalizar las jugadas o para servir de apoyo en una rápida pared, Cardozo es un abrelatas en las defensas rivales, sabiendo generar espacios a los costados de los centrales y sacando de posición a los laterales que acuden para apoyar a sus compañeros y se encuentran con los rápidos e inesperado movimientos del paraguayo hacia el interior del área para posicionarse en el lugar exacto en el que va a aparecer el balón. Ese instinto de delantero matador hace que sus compañeros ni siquiera tengan que mirarlo porque saben que el tacuará estará siempre en el sitio correcto para rematar.
Si el problema del Tacuará es la de su aparente frialdad en algunos momentos de los partidos, para acabar todas las temporadas sobre los 20 goles, creo que es un defecto con el que cualquier equipo querría convivir sin problema alguno. 


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