lunes, 21 de abril de 2014

En nombre de (Jorge) Jesus



Ahora que se ha confirmado el título de liga del Benfica, supongo que no hay duda de que uno de los principales responsables del mismo es, sin duda, Jorge Jesus, y no es por ser ventajista ahora que ha ganado su segunda liga y que puede hacerse con otros títulos (Para la Copa de Portugal son favoritos en la final frente al Rio Ave, y están en semifinales de la copa de la liga (frente al FC Porto el próximo domingo, y la Europa League frente a la Juventus el próximo jueves, al fin y al cabo, el año pasado tiró tres títulos en 10 días) sino porque su trabajo desde que ha llegado al club es digno de elogio, sobre todo después de ver en qué situación cogió al equipo después de los decepcionantes -dejémoslo ahí para no hacer sangre- pasos de Camacho y Quique Flores.

Su primer título de liga

El gran defecto de Jorge Jesus -y no, no vamos a hablar de cómo pronuncia los nombre de ciertos jugadores ni de los cuatro millones de euros que cobra- es, también su gran virtud: su terquedad, su empeño en hacer creer al equipo que son capaces de ganar a cualquiera. Su objetivo al inicio de cada temporada es ganar liga y Champions, sí, he dicho Champions. Y justamente por esa razón, el equipo ha sabido llegar casi siempre bien colocado a las últimas fechas de cada competición, a veces in suerte, como el año pasado, pero desde su llegada al club el Benfica siempre ha competido hasta el final y siempre ha levantado algún caneco, cosa que no sucedía en el club desde hacía mucho tiempo.
Que a Jesus le pierde la boca, no hay duda, sus gestos excesivos, vamos a poner uno de los últimos


Pero lo que ha hecho con el equipo es digno de elogio. Que Salvio llega rebotado de Madrid como paso previo para volver a Argentina, lo convierte en un puntal, que Di María parece uno más de los jugadores que no dan la talla, con un poco de paciencia se convierte en 36 millones. Que Coentrao es un desastre en Zaragoza y no acaba de dar pie con bola como extremo, lo convierte en el lateral de la selección vía Real Madrid, que Javi García se va el último día de mercado, y Witsel un día después, Matic se transforma en la araña y domina el centro del campo mejor que los otros dos. Que hay que vender al serbio, probamos a Fejsa que, hasta entonces, parecía Matic en su primer año. Si Enzo Pérez se enfada porque no juega en banda, después de un año para que se le pase el berrinche regresa para ser la extensión del técnico en el campo como mediocentro,  Cardozo se pone tonto, Rodrigo explota como goleador. 
Para mí, independientemente de los títulos que se puedan conseguir, incluso por encima de que un equipo juegue mejor o peor al fútbol, un buen entrenador es aquel que hace que sus jugadores sean mejores. Mejores jugadores hacen, sin duda, mejor equipo. Jesus ha hecho que muchos jugadores hayan dado un salto de calidad bestial, muchos más de los que han tenido que abandonar el equipo por la puerta de atrás, que los ha habido (Roberto es el caso más evidente, pero hay más)

Identificación con el club


Una final de Europa League, dos semifinales más, al menos de momento. El año que faltó a esta competición cayó ante el Chelsea en cuartos de Champions. Dueño absoluto, único ganador de la Taça de la liga en Portugal, al menos hasta este año en el que está en semifinales. Dos veces campeón de liga y, sobre todo, lo más importante, ha recobrado al benfiquismo dormido por la omnipotencia del FC Porto, ha recuperado parte de la mística de las aguias, un juego alegre, mejor o peor, más acertado o menos, pero el Benfica busca mandar, imponerse, sabe que esa es la única manera de jugar que puede tener este equipo.
Jesus le ha dado personalidad al Benfica, ha mejorado su patrimonio, le ha dado títulos, notoriedad, ha recuperado el orgullo de un gigante que empezaba a vivir en exceso del pasado. Sin duda se ha ganado un lugar en la historia del club.



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