sábado, 22 de noviembre de 2014

Paços de Ferreira 14-15 (I): Paulo Fonseca tiene la varita mágica.

¿Algún mérito tendrá Paulo Fonseca?

Hace dos temporadas, Paulo Fonseca, entonces la enésima nueva promesa de los banquillos portugueses,  abandonó el Paços Ferreira con destino a lo que entonces se pensaba que podía ser el inicio de una fulgurante carrera, dejando a los castores en la ronda previa de Champions League después de haber logrado la mejor clasificación del club en toda su historia.
Pero esta vez, la historia no tuvo un final feliz. Y dos temporadas después el técnico nacido en Mozambique realiza el camino de vuelta a la ciudad del mueble después de una tortuosa estancia en el FC Porto en un movimiento cuando menos infrecuente en los entrenadores que acceden a un club importante y buscan un futuro acorde con ese nuevo estatus que han alcanzado.
Así pues, Fonseca regresa a la Mata-Real para volver a dirigir a un equipo que poco se parece a aquel que dejó en la antesala de la liga de campeones -apenas permanecen seis jugadores, sólo cuatro de ellos con participación habitual tanto entonces como ahora-, y en sólo diez jornadas -habiendo jugado ya con los tres grandes-, tiene al equipo situado en la séptima posición, a sólo siete puntos del líder, con un estilo juego que, por momentos, empieza a recordar a aquel Paços de Ferreira del que todos hablaban maravillas. No se debe olvidar que hace apenas unos meses el equipo pacense se vio abocado a jugar el play-off de promoción para mantener la categoría frente al Desportivo das Aves.

No es el momento ni el lugar para analizar no sólo por qué Paulo Fonseca fracasó en el FC Porto, sino también por qué recibió unas críticas tan furibundas a su labor con los dragões, ahora bien, sí hay que elogiar su valiente decisión de dar un paso atrás para intentar dar, en el futuro, muchos hacia delante. Pocos tomarían la misma decisión.

Sérgio Oliviera
El Paços Ferreira versión 12-13 era, ante todo, un equipo equilibrado, ordenado y solidario, con un despliegue ofensivo que demostraba lo sencillo que es jugar al fútbol cuando los jugadores ocupan los espacios que deben. Posicional atrás, con mucha movilidad en la zona ofensiva, trasladando el balón desde la defensa hasta las posiciones ofensivas con movimientos simples de las líneas, sin inventar nada, pero de forma eficaz. Y con un posicionamiento defensivo impecable; dominar la posición se antoja casi imprescindible para cerrar espacios y llegar al lugar en el que está el balón antes que el rival o con ventaja posicional. Otra cosa distinta es que el contrario sea mejor y desarbole el entramado defensivo por calidad, pero el Paços de Ferreira va a exigirle eso a sus rivales si quieren superarlos.
Paulo Fonseca, aunque joven y prácticamente recién llegado a la Primeira liga, era, y sigue siendo, un entrenador que bebe de los entrenadores clásicos del fútbol del país vecino en las últimas décadas. Tiene mucho de Manuel Machado, y de Manuel Cajuda en sus mejores momentos. Ahora se alaba y reconoce en Fernando Santos –atacado con dureza cuando entrenó a los grandes en Portugal- detalles que en el de Nampula han sido acribillados por los medios, y Leonardo Jardim plantea un estilo muy parecido en sus equipos: equilibrio y orden, algo que cualquier técnico quiere apra sus equipos, pero que resulta difícil de plasmar en el terreno de juego. La fuerza del equipo se basa en un bloque organizado en el que la buena situación en el campo es fundamental. Equipos solidarios en el esfuerzo, relativamente previsibles en su fútbol pero eficientes, haciendo bien lo que saben hacer y corriendo pocos riesgos. Los jugadores que sobresalen lo hacen dentro de un esquema definido que les guarda las espaldas, adquiriendo una jerarquía dentro de ese esquema. Lo eran en aquel Paços hombres como Víctor, Luiz Carlos o André Leão –y lo que ha cambiado su estatus futbolístico fuera del equipo pacense-; lo son en este Paços 14-15, Michael Seri, Sergio Oliveira y Bruno Moreira.

El equipo juega ofensivamente con sencillez, desde el corredor central (Seri por fuerza, Oliveira por clase, Minhoca en despliegue vertical), buscando la salida natural hacia los laterales, que ofrecen nuevas líneas de pase, o a los tres volantes ofensivos, que se mueven entre líneas, bien sea buscando el balón atrás o generando espacios por delante. SI los volantes y los laterales avanzan, los centrocampistas más posicionales retroceden para hacer coberturas, tapando los huecos entre la defensa y la primera línea ofensiva. Si el equipo pretende hacer desplazamientos en largo, son los jugadores ofensivos los que buscan resolver la jugada e inician la presión alta para que sus compañeros recuperen sus posiciones defensivas, pero siempre con hombres cerca del balón para ofrecer nuevas opciones a los hombres más ofensivos y que no queden aislados y en desventaja frente a una defensa más poblada.
Bruno Moreira está siendo una de las revelaciones del equipo

Arriba ni Edson Paraiba ni Bruno Moreira son jugadores posicionales, sino que se mueven por toda la zona ofensiva, buscando sacar a los centrales de su posición, al igual que Cícero, más físico que sus compañeros y con más tendencia a ir al choque, o un Jonathan Urretaviscaya en su enésima oportunidad para destacarse en Portugal. que parte desde su posición original para romper en diagonales y armar el disparo, del mismo modo que Paolo Hurtado en la banda opuesta.
No es el Paços un equipo que no quiera el balón, más bien al contrario, saben qué hacer con él y buscan trasladarlo a posiciones ofensivas en transiciones rápidas llevadas por sus jugadores de más talento.
Defensivamente el equipo se dispone en dos líneas fijas muy definidas. Los mediocentros posicionales, que en esta segunda etapa de Paulo Fonseca no son tan físicos como los que tenía hace dos años, apretando las líneas y cerrando los espacios todo lo posible una vez que se supera la presión, no tan alta como en otros momentos, pero sin que el equipo esté excesivamente replegado. Un buen posicionamiento del equipo cierra los espacios a los rivales y deja la definición de las jugadas en manos de la clase individual para imponerse en el uno contra uno, incluso en el uno contra dos, pero en esas situaciones poco puede hacer cualquier pizarra.

El mérito de Paulo Fonseca es enorme. Ha recogido a un equipo prácticamente nuevo, le ha devuelto una idea de fútbol muy definida, juega al fútbol, porque los castores no vuelven la espalda al buen fútbol. Son un equipo que no inventa nada, es cierto, simplemente maximizan sus virtudes, basan su fuerza en la buena disposición táctica, en el esfuerzo y la solidaridad colectiva, pero sin talento es difícil jugar en la primera división de cualquier país europeo, y ellos también lo tienen y saben sacarle un gran beneficio situando al Paços de Ferreira como un equipo ejemplar para la clase media-baja en Portugal, que tanto necesita esta liga para demostrar que hay vida más allá de los tres grandes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...