jueves, 18 de junio de 2015

Bruno de Carvalho, Marco Silva y la troika


Decíamos en su momento que Bruno de Carvalho había dado un golpe en la mesa al fichar a Jorge Jesus. Sin duda, pero para situar al exentrenador del Benfica en el banquillo de Alvalade, tenía que desprenderse de Marco Silva.
Lo único que se le ocurrió da vergüenza ajena: despido por causa procedente al no llevar el traje oficial del equipo y dirigir el partido con ropa deportiva. 
Independientemente de que este hecho sonrojaría a cualquier persona con la mitad del sentido común necesario para manejarse en la vida, queda claro que la troika ha llegado al fútbol al permitirle a los empresario despedir a sus empleado por mamarrachadas como esta. Cualquier presidente puede utilizar este tipo de ocurrencias para poner de patitas en la calle a quien considere oportuno por lo primero que se le ocurra.

Lo oportunidad de fichar a Jorge Jesus era tan prometedora que todo el sportinguismo estaría de acuerdo en que Marco Silva saliese del equipo. Rescisión de contrato, negociación con los típicos tiras y afloja del finiquito y que cada cual se lleve su rencor a casa. Con este decisión, no sé cómo lo verán en Portugal. Al otro lado del Miño genera un sentimiento entre lo ojiplático y la risa  tonta para no morir de vergüenza.
Cualquiera que haya seguido al Sporting durante este temporada, sabía que las cosas iban a acabar con Marco Silva de patitas en la calle. Para empezar los comentarios del presidente en pretemporada. Los fichajes de la directiva en los que el equipo técnico ni confiaba ni terminó confiando. La presencia del presidente en el banquillo. (Otra vergüenza que sólo he visto en personajes de opereta que han llegado al mundo del fútbol. Ponedles vosotros los nombres)

Desde su llegada a la presidencia del Sporting, Bruno de Carvalho ha liquidado todo tipo de lastres que, en su opinión, molestaban por razones distintas, mal comportamiento, poco compromiso o sueldos demasiado altos para el rendimiento que daban. Así fue liquidando a jugadores rebeldes, Bruma, Dier o Labyad, sacando dinero a cambio, deshacerse de jugadores con fichas altas que no aportaban nada, Bojinov o Jeffren, y sofocar distintas rebeliones de canteranos y representantes de canteranos. Así todos los años había un grupo de jugadores apartados hasta que abandonsen el club o aceptasen las nuevas directrices del equipo, Miguel Lopes bajo u ficha un 50%, por ejemplo.

Cada uno dirige su casa como quiere, puede y le permiten, pero el trato dado a Marco Silva que,por otra parte, es un entrenador que tiene una valoración muy alta en el fútbol portugués dista mucho de ser el  más correcto. 

Supongo que el técnico Lisboeta, del que se dice que es seguidor del Benfica, por cierto (¿Tendrá algo que ver...?) habrá llevado este despido a los tribunales correspondientes. Veremos si la lógica le da la razón o las reformas laborales exigidas por la troika también se ha comido al sentido común en este caso.


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