martes, 26 de julio de 2016

Portugal campeona de Europa. Los campeonatos se ganan, no se merecen. Pero éste también se merecía.


Es curioso que en un país como España que ha encontrado su estilo de juego hace pocos años y donde continuamente se escuchan comentarios sobre la necesidad de cambiarlo, se han multiplicado los comentarios menospreciando el título de sus vecinos; que si no juegan nada, que si no han ganado más que un partido en noventa minutos, si pasaron como terceros de grupo y gracias, si fueron por el lado fácil del cuadro, si no tienen estilo, si son muy posicionales y defensivos... Qué suerte tienen algunos que acaban y se han apropiado del buen juego y del estilo ofensivo que, incluso cuando caen (merecidamente) en octavos de final, siguen considerándose en posesión de la única verdad posible.

Más allá de los análisis estilistas, Portugal ha ganado el Europeo porque ha sabido competir, así de sencillo. Se ha agarrado al campo en los partidos difíciles (Hungría), ha preparado tácticamente los decisivos (Croacia, sobre todo), ha estado por encima de su rival (la semifinal con Gales) y ha sacado lo mejor de sí misma en la final con una Francia que no supo ganarles, ni tampoco jugarles.


Desde su llegada al cargo de seleccionador, Fernando Santos ha apostado por crear un equipo más allá de enfrentamientos personales (el conflicto entre Paulo Bento y Ricardo Carvalho es el más conocido, pero no fue el único), de clubismos (en Portugal es un mal endémico con pocas soluciones) y con un objetivo claro: aprovechar la buena hornada de jugadores para conseguir un título que otras veces se había escapado de las manos. Así Fernando Santos declaró varias veces, entre chanzas periodísticas, que sólo volvería a Portugal para festejar el título después de la final y de algún modo, muy en la línea de Jorge Jesús, consiguió que sus jugadores se lo creyesen.
Desde su llegado, Fernando Santos había optado por darle el mando del equipo a los jugadores veteranos; Cristiano Ronaldo, por supuesto, pero también Pepe, Ricardo Carvalho, Nani y también Quaresma o Danny, sin ir más lejos. Y poco a poco, "obligado" por sus buenas actuaciones, ha acabado abriendo la presencia entre los elegidos a jugadores que estaban tirando la puerta, como Raphaël Guerreiro, Vieirinha, José Fonte o Adrien Silva (también el ausente por lesión Bernardo Silva, incluso Rafa Silva, que tuvo sus minutos aunque a algunos nos hubiera gustado que fuesen más)

Fernando Santos e Ilidio Vale


Aprovechando la presencia de Ilidio Vale como ayudante de Fernando Santos, es sencillo recuperar a la selección Sub20 que fue subcampeona del mundo de la categoría en el año 2011 y de la que formaban parte Cédric y Danilo Pereira, por ejemplo, equipo son grandes nombres (en aquel momento el más conocido era Nelson Oliveira) y que apoyado en una fuerte idea de equipo consiguió un resultado que nadie hubiese esperado. Aquí pocos contaban con Portugal, ni siquiera en Portugal, a quien situaban en un segundo grupo detrás de Alemania, España y Francia y a la misma altura que Italia o incluso Croacia. Pero ellos siempre creyeron, incluso después de hacer tres partidos más que mejorables en la primera fase y mucho más después de pasar por encima de Croacia tácticamente.

Seleccion sub 17 campeona del Europa 2016


Decir que Portugal no tiene estilo no es cierto, de hecho desde la selección Sub17, campeona de Europa, a la absoluta, Portugal juega de la misma forma; competitivos, concentrados y físicos atrás y dejando que los jugadores con más clase sean determinantes arriba. Algunas generaciones tienen un mayor trabajo en la presión que otras, pero suelen contemporizar a ver qué plantea el rival y si éste no es capaz de llevar la iniciativa son ellos los que la asumen. Así que sí que existe un modelo de juego, otra cosa es que este sea más o menos plástico o del gusto del consumidor, pero sí que hay un estilo. Los resultados, desde luego, lo respaldan: campeones sub 17, semifinalistas sub 19, subcampeones sub 21 y en las Olimpiadas... Otra cosa es que cuando Portugal genera fútbol éste sea más dinámico o de toque, más alegre o dado a las florituras, pero desde luego no es un fútbol directo, sí útil o pragmático porque deja que sean los jugadores con clase los que acaben las jugadas, pero no es simplón, ni mucho menos vulgar y podríamos tirar de muchas hemerotecas que alaban y han alabado este estilo en múltiples equipos, la mayoría de ellos campeones de algo, por cierto.

Después de una travesía por el desierto de varios años en las inferiores (el último gran éxito lo tuvo, en el 2003, la generación que comandaba Vieirnha -que iba para crack- y Miguel Veloso en Viseu frente a la España de Adán, Silva y Jurado ), Portugal reformuló su método de trabajo con las inferiores; estableció convocatorias para hacer entrenamientos durante la temporada, reafirmó su presencia en distintas competiciones internacionales, naturalizó de forma temprana a distintos talentos europeos y africanos con raíces en Portugal o llegados al país, inicio ciclos de trabajo con los equipos de tal modo que un mismo entrenador acompañaba a la misma generación hasta el final de su formación, y, por supuesto, supo vender las bondades del jugador portugués de siempre, entrega, con su capacidad técnica y de adaptación a cualquier tipo de fútbol. Ahí mucho tiene que ver Gestifute, guste más o menos la figura de Jorge Mendes, él también tiene su mérito en este éxito. De hecho, creo que los once jugadores del equipo que inicio la final han pasado por sus manos en algún momento de su carrera.
Poco a poco han ido asomando la cabeza distintas generaciones con resultados ascendentes hasta que desde hace cuatro o cinco años su presencia vuelve a ser asidua en semifinales y finales. El título Sub17 de este año es una confirmación de lo que ya se veía venir con una generación que apunta muchísimo, pero no olvidemos que algunos jugadores portugueses apenas han tenido recorrido en estas selecciones al haber dado el salto, tanto a la sub 21 como a la absoluta; los dos casos más evidentes son los de Renato Sanches o Rüben Neves.

Pero estos éxitos no deben empañar uno de los grandes problemas del fútbol portugués; la inestabilidad socioeconómica que provoca que incluso los equipos grandes sean máquinas de mover el mercado. Los tres grandes fichando todo lo que destaca en el mercado interno, sirviendo como equipo puente para múltiples talentos extranjeros, los aficionados orgullosos de ver cómo su equipo ha vendido a tal o cual jugador por dos veces más que sus rivales cuando deberían lamentar perder a sus jugadores importantes, las pocas oportunidades que tienen muchos canteranos tapados por supuestas promesas uzbekas, iraníes, egipcias o de cualquier país sudamericano, los canteranos adolescentes (entre 14 y 15 años que no acaban su formación en canteras en las que, es una evidencia, se trabaja muy bien, porque les pagan equipos extranjeros  -Zé Turbo, Pedro Pereira, Mario Ferreira...-, estadios semivacíos, equipos que dependen de cesiones porque no pueden pagar una plantilla entera, fondos de inversión y representantes que venden/ceden jugadores por packs y esa idea hipercrítica de los aficionados portugueses (en eso superan de largo a España, que ya es difícil) que encumbran y entierran en tres días a su próxima figura futbolística que, al menos, es posible, que este título europeo, tan ansiado, minimice durante unos años.


Como otras veces no damos pie con bola, cuando no vamos desencaminados  también es bueno hacer un poco de autobombo. Aquí queda lo que pensábamos de la convocatoria de Portugal antes de la Eurocopa 2016. Lo que sucedió ya ha quedado más que claro.

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